Estraperlo

Más allá del dogma.

1 imagen y 1000 palabras (Claudia Repiso y Daniel Soler) – Sentimientos atravesados

Si el sol logró despertarse aquel día, debióse sin duda a los rayos que emanaban de los adentros de esta criatura. Con amarga ansiedad, dirigióse al espejo, que es pantalla del ser para los puros de corazón y llevóse un tremendo sobresalto cuando notó que algo brotaba de sus senos. En un principio, se sintió como en una encrucijada, su alma se encaminó hacia el abismo de las duras decisiones y comenzó a resquebrajarse. Una fuerte luz asomaba por las grandes grietas, cada vez más abundantes en su piel, espantando a la oscuridad de la noche. La sensación del torrente sanguíneo huyendo hacia otro cuerpo purgó todas sus penas y aflicciones. Su líquido vital viajaba con tal impetuosidad que rompió la hilera de cadenas que ataban su cuerpo. Su larga melena comenzó a desaparecer, sus hombros, con un brillo deslumbrante, se alzaron y sus músculos se inundaron de fuerza. Los pechos le comenzaron a decrecer, pero, de repente, una oscura nube de humo le acosó por detrás y, mientras revoloteaba a su alrededor, le gritó con fría voz:

–          Tu cuerpo me pertenece. Bajo mi yugo eres débil. Puedo poseerte en  cuanto me plazca. La cadena que te une a mí está inscrita en tu ADN.

La compungida criatura trató de zafarse sin éxito. Se movía de un lado a otro, su garganta no respondía a las órdenes de su cerebro, que le ordenaba que se activase, que avisara a sus ángeles protectores, únicamente reales en la ilusión. Al fondo la luz se desvanecía, la oscuridad lo impregnaba todo, la sangre volvió a sus adentros y su piel se cubrió de una nueva capa. Desaparecieron las grietas de la superficie, pero su alma permaneció quebrada para siempre. Andrógina no entendió que sólo se vive una vez.

Málaga 1937.

Imagen

– Espérate en la puerta, Frasquita.
– ¿Para qué?
– Espera, pronto lo sabrás.
Se escucha un golpe, luego, tres seguidos. Es la seña del cambio de guardia, en ese momento se abren las puertas para que entre el relevo.
Un hombre sale corriendo hacia afuera, se funde en un abrazo y centenares de besos con mujer y su hija, recién nacida, a la que acaba de conocer. Justo detrás de ellos la mirada atónita del resto de los presos y militares encargados de la seguridad de la cárcel. Con el semblante sereno vuelve sobre sus pasos hasta su celda.
No era la hora del cambio de guardia. Aquél hombre había descubierto la clave para abrazar a su hija. Nunca se tomaron represalias por un acto tan humano.

 

(*Hecho real)

(**Dibujo Claudia Repiso, Relato Francisco Gómez)

 

 

Los días y las noches

Recuerdo que hace unos años, durante mi último curso de la ESO, asistí a una conferencia feminista que versaba sobre las diferencias que la cultura impone a ambos sexos. Aunque el tema central pertenecía al ámbito de la sociología, se abordaron diversas cuestiones relacionadas con la lingüística. Por aquel entonces no reunía el conocimiento necesario para rebatir las teorías que allí se defendían, si bien es cierto que recibí la charla con un elevado grado de escepticismo. Sólo con el paso del tiempo y, tras estudiar a algunos de los principales lingüistas, logré comprender los mecanismos de la lengua y darme cuenta de que mi instinto escéptico se hallaba en lo cierto. En el presente artículo me gustaría poner de relieve algunas de las cuestiones tratadas allí para señalar sus principales defectos teóricos. Toda la conferencia giró en torno a la idea de cómo, a pesar de los avances alcanzados en materia de igualdad, nuestra sociedad continúa siendo profundamente machista. Como ya he apuntado anteriormente, este es un tema que pertenece a la sociología y, por tanto, no forma parte del objetivo de este artículo.
En lo relativo a la lingüística, las ponentes sostenían que:
–    La lengua española, debido a su uso del masculino genérico, discrimina a la mujer y la invisibiliza a los ojos del hablante.
–    La lengua perpetúa esta concepción machista de la realidad dado que es la propia estructura de la lengua la que obliga a los hablantes a tener esa concepción de la realidad.

A continuación trataré de explicar por qué son falsas estas posturas. En primer lugar, cuando se les pide a los defensores de la primera afirmación una solución al problema del masculino genérico, la respuesta con la que nos solemos encontrar es la de utilizar los dos géneros (ciudadanos y ciudadanas, diputados y diputadas, etc.). Sin embargo, esta solución viola una de las características fundamentales de la lengua, que es la economía.
Existe una tendencia en los hablantes a reducir el número de palabras de una oración con el fin de conseguir expresar el máximo de contenido en el menor tiempo posible. Ejemplos de esta tendencia los encontramos frecuentemente en la lengua: las abreviaturas, las siglas, etc. Por tanto, cualquier mecanismo que no respete el principio de economía será rechazado rápidamente por los hablantes. Prueba de ello es que nadie utiliza estas fórmulas, salvo cuando se siente obligado por la presión social. (No es de extrañar que este uso haya quedado relegado al lenguaje político y periodístico)
La segunda razón que me gustaría argüir parte de una explicación del uso del masculino genérico. Si atendemos a las teorías estructuralistas,  el lenguaje se concibe como un sistema con cuatro principios fundamentales: principio de funcionalidad, principio de oposición, principio de sistematicidad y principio de neutralidad. El que nos interesa aquí, el de oposición, afirma que el sistema de la lengua se sustenta en base a una serie de oposiciones. Inicialmente, esta idea se aplicó en el ámbito de la fonología. Se analizan los diferentes componentes de varios fonemas y, dependiendo del número de rasgos que compartan, se parecerán en mayor o menor grado. Por ejemplo, elijamos los fonemas /b/ y /p/. Ambos son bilabiales, pero lo que los hace ser diferentes es la sonoridad; /b/ es un fonema sonoro, mientras que /p/ es sordo. Sin embargo, existen casos en los que las diferencias de estos fonemas son irrelevantes y se produce lo que en fonología se conoce como “neutralización”, es decir, los rasgos distintivos se neutralizan. Por ejemplo, en la palabra “apto”, la posición de la “p” neutraliza el rasgo de sonoridad, surgiendo así un “archifonema”, esto es, la neutralización de esos rasgos distintivos.
Más tarde, estos mismos conceptos se aplicaron en el ámbito de la semántica. En lugar de analizar fonemas, se analizaban palabras. De ellas se extraían unos rasgos distintivos, pero, de nuevo, en algunos casos ese uso se neutralizaba. Por ejemplo, está claro que existen rasgos distintivos entre las palabras “día” y “noche”. Sin embargo, en determinados contextos, se puede utilizar una de esas dos palabras de forma que abarque también el significado de la otra, verbigracia, “Estuve estudiando todo el día”; la palabra “día” en este contexto bien puede abarcar el significado de “noche”. En este caso, se dice que “día” es un archilexema.
Después de este recorrido por las teorías estructuralistas, llegamos al punto clave del argumento que quería esgrimir. Si aplicamos esta misma teoría a la morfología, llegamos a los morfemas “o” y “a” que, por lo general, se utilizan en español para marcar el masculino y el femenino. Así, llamamos “ciudadanos” a los varones y “ciudadanas” a las féminas. En cambio, existen casos en los que este uso se neutraliza, por ejemplo, cuando nos dirigimos a una audiencia en la que hay representantes de ambos sexos. El español resuelve esta cuestión con el masculino genérico, es decir, un masculino que, desprovisto de sus rasgos de masculinidad, sirve tanto para referirse a hombres como a mujeres. A esto se le llama “archimorfema”. Por lo tanto, se podría decir que el uso de “ciudadanos y ciudadanas” tendría el mismo sentido lingüístico que decir “Estuve estudiando todo el día y toda la noche”. Para los ojos de muchos, entre los que me incluyo, el empleo de cualquiera de estas fórmulas resulta cuanto menos ridículo, pues no es más que una repetición de lo que la lengua ya se ha encargado de matizar.
El segundo punto de este artículo es una contra-argumentación a la teoría que sostiene que la estructura de las lenguas perpetúa las diferencias entre hombres y mujeres. Dicha tesis pertenece a un movimiento antropológico llamado “relativismo lingüístico”. Este afirma que la estructura de las lenguas moldea el pensamiento de los hablantes de modo que dos individuos que hablan dos lenguas distintas se hallan en dos mundos diferentes. De lo cual, las ponentes dedujeron que si una sociedad es machista se debe al uso machista de la lengua.
Esta idea es radicalmente falsa, pues se ha comprobado que en ciertas lenguas indígenas se emplea el “femenino genérico” y, sin embargo, la estructura de la sociedad es completamente patriarcal.
Uno de los razonamientos que empleaban las feministas era el hecho de que existieran tantos términos para un mismo referente: prostituta (meretriz, puta, furcia, zorra, etc.). Esta realidad, según ellas, les proporcionaba a los hablantes esa visión de las mujeres. Un buen argumento que hace cojear esta tesis del relativismo lingüístico es la noción de “fosilización lingüística”. Esta asegura que no existe una correlación directa entre el vocabulario de una lengua y la concepción cultural de las palabras. En cualquier caso, esta motivación únicamente existiría en el mismo momento en que se crea la palabra, pero no necesariamente después. Pongamos varios ejemplos: la palabra “histérico” proviene del griego ὑστερικός, que significa “relativo al útero”. Se le dio este nombre porque se pensaba que la histeria era algo exclusivamente femenino. Con el paso del tiempo, a finales del siglo XIX, el Dr. Freud descubrió que también se daban casos de histeria entre varones, sin embargo, se mantuvo el mismo término que hacía referencia únicamente a la mujer. En la actualidad, pocas personas conservan el prejuicio de que sólo las mujeres pueden sufrir de histeria. Si las tesis del relativismo lingüístico fuesen ciertas, todos los hablantes seguirían manteniendo ese cliché.
Otra palabra que podemos utilizar como ejemplo es “átomo”, que significa “que no se puede dividir”. Este término se acuñó en un tiempo en el que se creía que el átomo no podía dividirse en partes más pequeñas, con lo cual, podemos afirmar que sí había motivación entre el significado y el significante. Más tarde, se descubrió que el átomo sí podía dividirse, sin embargo, el término siguió siendo utilizado por los expertos, los cuales “fosilizaron” ese significado original.
Finalmente, me gustaría añadir la conclusión de que la lengua es un ser vivo que se halla en constante cambio y que los prejuicios, los clichés y la discriminación pertenecen a la sociedad y la cultura y sólo se pueden modificar a través de estos, por lo tanto, de su estudio han de encargarse la sociología y la antropología. La lengua es sólo el instrumento que utilizamos para la comunicación de esas ideas que la cultura nos ha metido en la cabeza. Nada más.

Demasiadas lágrimas – Una imagen y mil palabras

 

Se encontraba cansada, y sin embargo no le pesaban los párpados. Las cataratas de tristeza que fluían por sus brillantes ojos azules solo eran otra gota de agua que se perdía en los mares de la historia. La lluvia, que caía ahora con más fuerza que nunca, parecía reproducir una pequeña alegoría del valle de lágrimas que estaba atravesando. Sentía como si de repente el universo hubiera conseguido conectarse con ella, como si la naturaleza compartiese su dolor, ese que nunca se reparte, sino que se contagia. Y era tal la pureza de su llanto, que la piel que otrora se vestía con el moreno de la arena bañada por el mar, alcanzó una palidez digna del color de los cielos. Ya era tarde. Tras los truenos de odio y los rayos de impotencia lo único que permanece es la calma de la melancolía y el rumor del arrepentimiento. El viento, embravecido por lo vacío del ambiente, hizo que sus cabellos volaran libres, palomas de color caoba que, con la paz como anhelo, regresaban a la raíz de su pelo sin pena ni gloria. El frío calaba hasta los huesos. Un escalofrío le recorrió la espina dorsal. Ignoraba si era por el temporal o por los recuerdos, pero lo cierto es que aquel torrente de emociones le congeló las piernas, más tarde el corazón y, por último, la mirada. El resultado fueron los ojos petrificados de una joven madre, que veía marcharse a sus hijos en el último tren hacia Auschwitz.

Inteligencia, evolución de la materia.

La teología está llena de referencias a la inteligencia, desde tiempos inmemoriables. Normalmente, se recurría a la existencia de la inteligencia como prueba de la existencia de Dios, pues, según ser argumentaba, seres materiales e imperfectos no pueden tender a fines inteligentes por si mismos. O incluso seres finitos no pueden contemplar la idea de infinito, a no ser que Dios haya intercedido ahí. Así, nos encontramos textos como la Quinta vía de Santo Tomás de Aquino, que dice:

Vemos, en efecto, que cosas que carecen de conocimiento, como los cuerpos naturales, obran por un fin, como se comprueba observando que siempre, o casi siempre, obran de la misma manera para conseguir lo que más les conviene; por donde se comprende que no van a su fin obrando al acaso, sino intencionadamente. Ahora bien, lo que carece de conocimiento no tiende a un fin si no lo dirige alguien que entienda y conozca, a la manera como el arquero dirige la flecha. Luego existe un ser inteligente que dirige todas las cosas naturales a su fin, ya éste llamamos Dios.

Sin embargo, esto demuestra que la intuición humana erra muchas veces en estas cuestiones. Así como se creía que el ser humano tenía alma, hoy en día se sabe que ese “alma” está en el cerebro. La ciencia demuestra que la inteligencia se viene desarrollando desde hace millones de años, y que surgió, poco a poco, de forma espontánea. Desde que se originó la vida, ya había una cierta inteligencia. Las primeras células comenzaban a unirse y a formar tejidos, primer símbolo de inteligencia.

Asimismo, la inteligencia también puede ser artificial, puramente mecánica. El conocido “Juego de la vida” lo demuestra. Se crea un juego con una serie de normas, como que pueden encenderse y apagarse una serie de luces, al azar. A medida que el juego va enciendiendo luces, va “aprendiendo”, hasta tal punto que empicen a verse figuras cada vez más complejas.

Representación del Juego de la vida.

Y es que la inteligencia no es más que el producto de una compleja organización de materia (células, órganos, o chips) que, por evolución, se han ido adaptando al medio, desarrollándose y autoperfeccionándose, llegando incluso a adelantarse a los acontecimientos. Nada de almas, ni de dioses ultraterrenos.

Después de todo inteligencia no es más que una etiqueta que otorgamos a un comportamiento externo relacionado con la autoperfección y con nuestra forma particular, como seres humanos, de ver el mundo.

Marx y el valor-trabajo.

Marx, otro filósofo de la sospecha, otro pensador obsesionado por dotar de carácter ciéntifico a sus opiniones puramente personales y, como veremos, erróneas.

La ufanía de Marx le llevó a proclamar una ley sobre el valor que la sociedad debe otorgar a todos los productos. Cualquiera diría que está ejerciendo de Dios. ¡Ya sé por qué los marxistas no son cristianos! ¡Veneran a Marx!

Bromas aparte, Marx declaró en la primera parte de su magnus opus, El Capital, que el valor de la mercancía debe estar estipulado en función del trabajo dedicado a su producción. Si en la producción de un libro se ha consumido 3 veces más de trabajo que en la producción de un automóvil, el libro debe valer 3 veces más que el automóvil.

No obstante, el trabajo no es lo único que hay en el universo. El ser humano, de forma innata, otorga el valor a los productos en función de la utilidad que le reporte (demanda) y la abundacia o escasez de los mismos (oferta). Así, si un libro, aunque se hayan dedicado muchas horas en su culminación, es despreciado por la gente (léase Main Kampf) el libro no valdrá nada. Claro, que después habrá algunos indignados (entre ellos el propio Hitler) que estén en desacuerdo con la sociedad e intenten imponer su valor propio como único al resto de la humanidad (igual que quería Marx, pero con el trabajo).

Es una mala noticia para el trabajador que el mundo no gire en torno a él; sin embargo, es una buena noticia para el mundo. Así que los obreros deben oferecer un trabajo que sea demandado por la gente. Por ejemplo, los contertulios del diario Sálvame en Telecinco cobran mucho más que cualquier persona normal, que esté trabajando todos los días en trabajos insoportables, como el de trabajador de una fábrica. ¿Dónde está la clave? En que, para la sociedad, conocer los entresijos de Belén Esteban le reporta más beneficio que el pan que haya podido hacer el panadero.

Y no culpen al capitalismo de ello, culpen a los valores de la sociedad; el capitalismo sólo se encarga de ponerlos de manifiesto y coordinarlos. ¿El comunismo? De imponer otros por la fuerza, destruyendo la libertad y la subjetividad.

Barcelona y el síndrome de Stendhal

El curso pasado en una de las clases de Literatura Universal en las que analizábamos La peau de chagrin de Balzac apunté que el protagonista Rafael de Valentin podría sufrir este síndrome durante la visita al anticuario en el que encontrará el talismán de zapa que cambiará su vida. Balzac nos describe de forma prolija al estilo realista de las postrimerías del XIX todos los objetos de arte que allí se exhiben recorriendo toda la historia de la Humanidad y del Arte. Rafael al verse golpeado por tanta belleza comienza a sentir vértigo, confusión y dificultad para respirar lo cual coincide en parte con lo prescrito por dicho síndrome. No es casual que Balzac incluyese esta reacción en su novela ya que era un tópico romántico muy en boga. No hay que olvidar que el  nombre le viene del escritor francés Stendhal que fue el primero en describirlo tras una visita a Florencia, por lo que se denomina también síndrome de Florencia.
Considero que esta alteración de los sentidos se sufre siempre en mayor o menor medida cuando uno se coloca ante obras de arte de gran envergadura, ya que es esa magnificencia la que nos muestra nuestra pequeñez, nuestra cualidad de seres efímeros… sin embargo, durante estas últimas vacaciones en la ciudad condal he sentido dicha sensación de una manera mucho más patente por alguna extraña razón.
La primera ocasión fue en la visita al templo expiatorio de la Sagrada Familia. El exterior es un tanto abigarrado pero bastante hermoso y peculiar. No obstante, al acceder al interior por la fachada de la pasión elevé la vista para extasiarme con aquellas columnas arborescentes que forman una cubierta armoniosa y rica. El intrincado y laberíntico bosque de columnas me desconcertó así que me empezó a faltar el aliento y unas pocas lágrimas bañaron mis sienes. Luego me concentré en el pavimento desnudo y cuando me hube serenado pude seguir contemplando la basílica con total tranquilidad y regocijo.
En la segunda ocasión me encontraba visitando el Palau de la música catalana. Cuando accedí a la sala principal y caminé por entre el patio de butacas volví a sentir que perdía el equilibrio y me encontraba asaltada por las lágrimas, luego tomé asiento y me dediqué a contemplar las 18 musas que emergen del escenario. Pero la belleza visual se unió a la auditiva ya que la guía que nos acompañaba nos comentó que el órgano de principios del siglo pasado había sido reformado de manera que estaba automatizado y no era necesaria la presencia física del organista. Por tanto lo accionó y aquel maravilloso instrumento comenzó a destilar los acordes de Tocata y Fuga en Re menor de Bach por sus más de 4000 tubos. Es una pieza muy emblemática y muy adecuada para mostrar la acústica en aquella “cajita de cristal” que es el Palau ya que muestra crescendos, pianos, fortes y todo un repertorio de sonidos bastante representativo. Ciertamente fue un momento místico en aquel espacio modernista y plagado de motivos florales (en Italia el estilo modernista se denomina Floreale), por lo que entendí que la sala de descanso para los entreactos fuese también concebida para el descanso “visual” puesto que sus paredes carecían de ornamento alguno.
Tratamos de buscar la belleza y la perfección por todos los medios y cuando creemos hallarla esta nos atemoriza, nos parece artificial, producto de una ilusión, perversa. Supongo que todo ello es consustancial a la naturaleza caprichosa del ser humano.